sábado, 26 de septiembre de 2009

El elegido


No sé si la humanidad tenga los días contados o se trate de la moda de este mes. Lo que sí es que fulanos (y no tan fulanos) han salido a la fama por ser elegidos de Dios para transmitir mensajes de catástrofe. Pensé que el circo empezaría en diciembre, cuando el ochenta por ciento de las revistas sacan suplementos con las predicciones para el año que empezará, desde la Vanidades o Quién hasta el TV y Novelas y similares. A veces hojeo dichos datos astrológicos pero mi mala memoria me hace olvidarlos enseguida. Si llegan a suceder, no atribuyo la información a los brujos de Catemaco.



Hace unos meses pensaba que por vivir en la Península de Yucatán y ser heredera de la cultura Maya era normal encontrar en cada establecimiento de souvenirs, librerías, papelerías, estanquillos y demás negocios los pequeños libros o folletines con profecías del 2012. No los he leído ni siquiera por la enorme curiosidad que me lleva a hacer cosas extrañas pero ahora me llama la atención informarme del inicio de un nuevo Apocalipsis puesto que dichas predicciones han desatado polémica en otros individuos.



José María Flores Pereyra, cuyo nombre artístico es Josmar se ha hecho famoso en todo el mundo por secuestrar un avión, era pastor de una iglesia y cantante de alabanzas. Afirmó no estar loco sino ser un instrumento de Dios para dar testimonio anticipado de un terremoto peor que el del ochenta y cinco. Tampoco es tan tonto como muchos creen: sabía que pidiendo audiencia con el presidente o haciendo antesala jamás iba a ser tomado en cuenta y se fue por la vía rápida (y aérea) con el secuestro de un avión. Así de fácil fue engañar la seguridad de un aeropuerto con latas de Jumex, cables de colores y cinta, todo a la vista de pasajeros y policías en una sala de espera.



Ahora tendrá que enfrentar los cargos que se le impugnan, cuando lo más sencillo del mundo era quedarse con sus feligreses o viviendo de las regalías de sus discos porque el hombre era una estrella de la industria musical en el género de alabanzas. Aunque quién sabe, si el terremoto llega a tener efecto mientras Josmar purga su condena, dudo que los guardias quieran soltar a los presos. Corriendo por salvar sus vidas ni siquiera se acordarán del profeta.



El otro hombre que se volvió personaje se materializó para mí gracias a un mensaje de texto de las compañías celulares donde ponen al tanto a los usuarios de las últimas noticias (mundo, deportes, dietas, chisme,etc). Luis Felipe Hernández Castillo igual dijo ser invocado por Dios para hacer “conciencia” en el resto de los mortales de la situación deplorable de nuestro país. Como una prueba de su inconformidad le quitó la vida a dos hombres y dijo no ser un fanático. Cuando se sale negativo en los exámenes toxicológicos no queda más que jurar ser un instrumento de la divinidad y que se tiene la mejor voluntad para salvar a la sociedad de una inminente decadencia. Semejante locura va sustentada por balazos a transeúntes.



Si las autoridades no encuentran lógica posible a tales actos, el clero tiene derecho a negar que Dios los manda a hacer justicia por su propia mano. Pero aquí viene una historia de hace algún tiempo, digamos varios siglos atrás. Juana de Arco, a los diecisiete años, cuando obtuvo permiso para encabezar el ejército francés, fue tachada de loca. Su fe la hizo obedecer aquella petición celestial para librar a su país del asedio Inglés, pagando la condena del juicio inquisitorial años más tarde. Después se le consideró santa y hoy es venerada por católicos y patriotas.



Si me remonto en la historia un poco más (ya encarrilada en el asunto) otro personaje famoso llamado Moisés liberó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, también por mandato divino. Y con lo anterior no es que quiera comparar a los hombres noticia de este mes con héroes históricos y bíblicos (no se confundan, señor y señora lectores) pero se me hace curioso que después de secuestrar aviones y balacear transeúntes recurran al mandato divino para exonerarse de toda culpa, quedando como elegidos de Dios para cumplir su voluntad.



Juana de Arco y Moisés lo hicieron bien pero si mañana sale un hombre desnudo disparando con una metralleta en la Central de Abastos, háganle la mano de puerco antes de que diga que cumple con la palabra del Señor.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Enemigos íntimos



Ya pasó un mes. La rutina de los días es casi la misma para esta época del año. Me gusta la privacidad que gozo últimamente, mi departamento está aislado del resto de la casa y los demás cuartos… donde vives. Te he observado como tú a mí, la diferencia es que cuando pienso que estoy sola tu mirada viene de algún lado y me acompaña largo rato sin que me dé cuenta. No sé si es un halago o una invasión a la privacidad de la cual alardeo.


Sabía que vivías aquí, en los departamentos, había escuchado rumores de los demás o algunos te llamaban. A veces no tenías la precaución de caminar despacio: golpeabas cosas viejas en el pasillo cuando llevabas prisa. Las horas en la escuela me tienen largo tiempo fuera de casa, por eso no sé qué haces todo el día. Seguro sales a pasear como todos, pero lo dudo; enseguida se nota que lo tuyo es la vida nocturna. No es que me importes más de lo que debería, pero siempre he sido muy curiosa con todo el mundo, hasta contigo.


Una vez la chica que vive en el departamento de arriba me habló de ti. Dijo que nadie entendía tu comportamiento, eras un ser extraño, distinto de los que ella había conocido, con cambios de humor y actitud que delataban tu instinto. Tampoco me interesa descubrirlo. Te vi de frente hace dos semanas. Debo admitir que tienes unos ojos muy bonitos, ya quisiera yo un color y forma así. El tipo de ojos que trata de decir mucho pero no revela nada. No tenía caso sostenerte la mirada, para qué. Mejor te evadí y seguí mi camino. Te ofendiste, me di cuenta por el ruido extraño que hiciste pero me da igual ignorarte o no.


Me fijo que te asomas a la ventana cuando llego, escuchas el ruido que hago para abrir mi puerta y a veces maldigo por tardar en hacerlo. Por eso sé que me observas a través del cristal. A lo mejor esperas que traiga a alguien a casa. Eso es asunto mío. Pero puedes estar tranquilo, no ha sucedido ni sucederá. Debes conocer mi horario, ya sé que me espías y soy bastante predecible. No puedo hacer nada para evitar tu curiosidad, se te da de forma natural. De todos modos no estaré mucho tiempo aquí, la atención de los demás volverá a ser toda tuya.


Me dijeron tu nombre y lo olvidé, ¿ves cómo me tienes sin cuidado? Si tuvieras conciencia de ello te ofenderías mucho. No sé si sepas el mío pero es algo que no me quita el sueño, como tampoco me lo quita que a veces rondas la puerta de mi departamento en las noches. Calmado, amigo, no te atacaré porque sé que no entrarías y tampoco tienes motivos para hacerlo. Aunque, para ser sinceros, ya hemos intimidado un poco, grave error. Aquella tarde en la sala nos dejaron solos, yo estaba entretenida en mi computadora y tú con cualquier cosa. Era inevitable que te pusiera atención si te acercaste y para estar ahí a mi lado un buen rato. Cuando te quise hablar, me evadiste.


Ya deberías aprender modales o no serás aceptado en ningún lugar. Hace dos noches nos vimos en la puerta de la casa. Yo llegaba cansada de tomar clases y tú te ibas quién sabe a dónde. Te sostuve la mirada porque no me molesta ver el color de tus ojos y dentro de mí te desee buena suerte en lo que pudiera suceder durante tu aventura. Ahora son días de lluvia, desde temprano cae la tormenta con todo y rayos y es imposible salir porque las calles se inundan o no deja de llover hasta entrada la madrugada. Por eso nos encontramos en la sala común: yo no puedo ir a mis clases vespertinas ni tú a los paseos que acostumbras. No te culpo, tampoco me gusta empaparme en la calle.


Ayer rompiste el hielo de la peor manera. Otra vez solos en la sala, te quise hablar y tú fuiste directo a los hechos. Te me echaste encima como si te hiciera daño y me quisiste rasguñar el cuello porque no te seguí el juego con la pelota. Afortunadamente soy más grande e inteligente que tú y me defendí aventándote. Maullaste. Me miraste con los ojos bien abiertos y te preparabas para atacarme de nuevo pero te pegué y huiste. Lo siento, no fue mi intensión pero es la supervivencia del más fuerte. Te fuiste altivo, con la cola levantada y las uñas aún visibles.


Ahora somos enemigos. Pero descuida, no te molestaré porque tienes una ventaja: me desagradan tus maullidos y soy alérgica al pelo que sueltan los de tu familia, los siameses.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Fórmula infalible


El hecho de que México sea un país en vías de desarrollo (porque tercermundista se escucha muy feo ahora que está próximo a cumplir doscientos años) se ve reflejado en todo, desde las chozas que miro a través de la ventana donde tomo clases de poesía vanguardista hasta los centavos que acaba de subir el azúcar y la tortilla. Pero a grandes males grandes remedios y como el mexicano burócrata u obrero no puede hacer nada en contra del gigante que se le presenta en forma de deudas, mejor las olvida un rato o al menos las disfraza. Para contrarrestar los dolores sirve de jarabe la televisión.


Muchos la llaman la caja idiota, a otros nuestras abuelas nos dijeron que íbamos a quedar ciegos de tanto verla pero a dicho invento le debo gran parte de mis alegrías y recuerdos generacionales (cómo olvidar las caricaturas japonesas o a Chabelo). El mexicano promedio no lee, va poco al cine (aquí no cuentan los churros hollywoodenses) y para entretenerse ve la televisión. Podrá no saber suficiente de historia nacional pero qué tal si le preguntamos de las novelas donde salía Thalía, de Cuna de lobos o las producciones de Emilio Larrosa. Nos sorprendería relatando detalles que a conciencia cualquiera hubiese olvidado.


Las telenovelas han sido la mina de oro de los productores debido al éxito arrasador que obtienen. Me atrevo a opinar porque a lo largo de dos décadas sobre la Tierra he visto gran cantidad de melodramas y no me da pena compartirlo. Seguramente al ama de casa le gusta sentarse en las tardes a ver cómo Paloma lucha contra una tía desalmada que le mata a sus novios o por las noches, mientras espera al esposo gordo, suspira con los pectorales de un actor cubano en escena de cama. También a la adolescente soñadora la ilusiona pensar que un día conocerá a un joven rico y guapo que la llevará a vivir con él a Las Lomas y se casarán en la Basílica de Guadalupe, todo esto mientras hace la cola para las tortillas.


Una frase célebre dice que la religión es el opio de las masas, estos días me atrevo a decir que las producciones de televisoras mexicanas lo son. Hace algunas décadas dieron en el clavo con la fórmula infalible: el hombre rico se enamora de la chica pobre. Al encontrarse en estratos sociales diferentes deben hacer lo posible (e imposible) para defender su amor puesto que siempre habrá villanas de por medio, embarazos por noches de borrachera, hijos bastardos que regresan años después y compañías millonarias en disputa familiar. Las tramas de este tipo consagraron a actrices como Lucía Méndez, su archirrival Verónica Castro, Thalía (ahora toda una neoyorkina) y los venidos a menos Peniche, Camacho o Ferrara.


Pero los tiempos cambian y los productores no son nada tontos. No les vendría mal hacerse un poquito más millonarios ahora que el azúcar y la tortilla subieron, por ello necesitan seguir vendiendo sus novelas para llevarlas al resto del mundo (¿quién dijo que México no exportaba cosas de calidad a Europa y Asia?). Si los príncipes extranjeros se casan con “plebeyas” (que ostentan carrera con maestría e incluso doctorado) ¿por qué la chica de las tortillas no habría de casarse con un sobrino de Slim? Como ahora todo es posible (aunque lo dudo, obviamente) hay que innovar a la televisión mexicana por otras vías.


Se nos adelantaron un poco los colombianos con una producción de gran éxito, acogida hasta por EUA: Betty la fea. Se trata de la transformación de una mujer fea en toda una belleza ejecutiva. Wow. Sorprendente. Exitoso. La novela arrasó en varios países y cómo no, a quién no le gusta ver cómo una inteligente pero espantosa secretaria se enamora de su guapo jefe y es rechazada por FEA para luego conquistarlo siendo una despampanante modelo.


Reitero, los productores no son tontos y ya ficharon a los adolescentes. Saben que son una máquina del consumismo. Ahora transmiten la versión mexicana de Patito Feo (originalmente de Argentina) donde ocurre lo mismo: una niña con brakets y lentes es despreciada por sus compañeras bonitas para luego aparecer como el cisne más lindo del colegio, por la que babearán los adolescentes populares y guapos. Y este melodrama terminará siendo un éxito, un clásico de la televisión y cultura mexicanas. Los productores sí que saben hacer dinero volviendo hermosas a las feas. (Qué bueno que no la transmitieron en mi época de brakets).


Pero me da curiosidad una cosa, ¿alguna de las ochenta y cuatro bellezas que se disputaron la corona de Miss Universo hace algunas semanas habrá sido una Patito Feo en su colegio? Lo dudo pero esperaré que algún día se los pregunten en la ronda final. Mientras, habrá muchas novelas para ver en el horario estelar.

sábado, 5 de septiembre de 2009

A la rorro nene



Desde hace dos semanas me aquejan sueños extraños. Lo atribuyo al cambio de ciudad, vivir sola y que olvidé traer los tres atrapa sueños que colgaban de la cabecera de mi cama. La vida austera como estudiante de intercambio incluye prescindir de la televisión, lo cual significa dormir más. Eso sería un placer si a media noche no despertara con lágrimas en los ojos por alguna pesadilla y me costara mucho trabajo arrullarme de nuevo. Pero todo mal tiene su lado positivo, dichas rarezas pueden significar algo.



Lo primero es contárselos a mamá vía Messenger. Soñar con parientes muertos: necesitas a tu familia; bebés: te sientes sola (pero no te embaraces); comidas y reuniones: quieres volver a casa, responde mamá como quien lleva años dedicándose a descifrar sueños o ansía abrazar a su pequeña. Sus respuestas no son muy convincentes, le digo que todo estará bien tomando leche calientita antes de acostarme y me despido, sin mencionarle que en la siesta del medio día soñé que mis compañeros de la Sinfónica me daban tremenda paliza para matarme.



Le platico las pesadillas a una de mis compañeras de poesía surrealista, quien me da el nombre de un hippie de la facultad de lenguas muertas pero pide que no le diga que ella me dio el dato. Asegura que dicho hippie puede ayudarme. Cuando por fin doy con él, lo encuentro en la parte trasera de la biblioteca, leyéndole la mano a una chica rubia. Cuando termina me atiende. Besa ambas palmas de mis manos y hace una oración en quién sabe qué lengua. Me da un poco de miedo.



Le platico cada uno de mis sueños, tuve la precaución de apuntarlos en una libretita desde que comenzaron a aquejarme. Son nueve en total. Me pide sentarme en el tronco que usa para sus clientes, e insiste en que le repita los sueños eróticos que me despertaban llorando de madrugada. Le respondo que no eran eróticos sino pesadillas, insiste que tienen que ver con deseos sexuales reprimidos. Le digo que no, que tienen que ver con el cambio de casa. Me da la razón.



Comienza a ramearme con una hierba olorosa mientras dice oraciones en quién sabe qué lengua, escucho el sonido de unos tambores al compás del baile del hippie y me fijo en otro de los suyos que llegó sin darme cuenta. El del tambor prende incienso en una jícara y fuma un Delicado. Me ofrece Delicado y lo rechazo. El hippie termina de ramearme y nos toma a los dos de las manos, formamos un triángulo con los ojos cerrados (yo dejo uno abierto porque no me inspiran confianza) y ambos rezan pidiendo paz para mis sueños eróticos. Les digo que no son eróticos sino pesadillas y me dicen que me quede callada porque puedo romper el círculo de las fuerzas naturales.



Se acaba el ritual, los hippies se tiran en el suelo pareciendo más exhaustos que un par de futbolistas cheleros. Dicen que equilibraron mis impulsos sexuales y no volveré a tener sueños eróticos que me despierten de madrugada, prefiero no contestarles. Me mandan a comprar una cajetilla de Delicados, esa es la cuota. Pago por el ritual. Antes de irme les advierto que el morral de uno de ellos se está quemando por culpa del incienso.



La siguiente noche despierto a las tres y media de la madrugada, mitad hambre y mitad pesadillas. En el sueño el hippie de las ramas y yo corremos a todo lo que dan nuestras piernas porque nos persigue una multitud de colegialas para darnos tremenda paliza, ignoro el motivo. Ya despierta me tallo la cabeza como si el golpe de una de ellas hubiese sido real. Dos días más tarde veo al hippie de los tambores comprando cigarros y con un brazo enyesado. Le preguntó qué le pasó y contesta que él y el chamán de los sueños eróticos fueron atropellados por unas ex novias enfurecidas; su amigo tenía la cabeza rota y estaba descansando en casa.



Me sorprendo. Le platico las premoniciones a mi compañera de poesía surrealista y me propone sacarle provecho entre el estudiantado. Ahora yo ocupo el tronquito detrás de la biblioteca y me hago fama de descifrar sueños. No hay mal que por bien no venga.

sábado, 29 de agosto de 2009

Mudanzas



Podría comenzar la nota de hoy con la letra de una canción para mujeres despechadas pero no viene al caso, el título es porque se trata de una mudanza en el estricto sentido de la palabra. Desde hace unos días duermo bajo el cielo de Xalapa por decisión propia, a los veintiún años que ostento era necesario un cambio de residencia para adentrarme a la vida independiente, o al menos esa es mi justificación.



Lo curioso de esto, lector o lectora, es que alguien tan ociosa como yo puede reír un poco partiendo de lo siguiente: nadie me conoce. Sucede como en las películas gringas que pasan por los canales donde los estrenos son las cintas de diez años atrás, en dichas historias llega un fulano a vivir solo. Se desconoce quién es, a qué se dedica y por qué tiene cara de pocos amigos, sin embargo, nadie le quiere preguntar. La gente sólo hace conjeturas cuando en el vecindario empiezan a suceder asesinatos o actividades paranormales. Pero no me desviaré del tema, que se supone es mi mudanza.



No pretendo ser una asesina o la vengadora justiciera del barrio pero por ser desconocida puedo tomar ciertas cosas a mi favor. En un viaje al DF hace meses uno de los amigos que fue dijo: cuidado al hablar, si se dan cuenta que somos del Sur nos van a asaltar. Afortunadamente mi paranoia no llega a tanto como para evitar pronunciar palabra, aunque un par de personas han notado que no soy xalapeña por el cierto acento campechano que es una extraña mezcla de yucateco, tabasqueño, efeéme y no sé qué tantos timbres exóticos. Quizá estos meses se me pegue alguna palabra o expresión de aquellas que tenía olvidadas desde mi niñez por estas montañas y las emplee con mi particular acento campechano.



Mi primer fin de semana salí a caminar para ubicarme, comprar los aditamentos de una casa y ejercitarme por el tiempo perdido. Vagar sola me hizo extrañar a la familia, los amores y amigos pese a que soy fuerte en cosas del corazón. Para consolar el alma recurrí a una actividad que siempre me pone de buenas: probarme ropa y zapatos en las tiendas. Es uno de mis pecados (atrévase a negarlo, lectora, usted también lo hace) y pequé poniéndome hermosos vestidos de noche, calzándome zapatillas imitación de Vuitton y probándome maquillaje de diseñador. Las atenciones de las amables señoritas se compensaban con la excusa de ir por mis amigas (que aún no tengo) para volver a la tienda y escoger algo de lo que me había gustado. Regresaré a esas tiendas cuando tenga amigas.



Estar aquí me da la posibilidad de ser otra persona. En lugar de una estudiante de letras que aprovecha su estancia en la universidad quiero encarnar a una aventurera excéntrica que viaja son su esposo investigador (inexistente, claro está) en busca de un poeta olvidado que va dejando huellas de su paso y obra por distintas ciudades del país (como cierta mujer cuyas iniciales eran C.T.). Tras escuchar esta historia más de uno se asombrará de mi labor, y si mi facilidad histriónica supera las fronteras del acento podría fingir ser oriunda de Sudamérica para tornar más interesante la aventura. No será difícil inventar un poeta olvidado (como muchos que existen o han existido) y podré cosechar la admiración de quien se crea esa historia. A lo mejor alguien se interesa y quiere enrolarse a la búsqueda.



Ser la nueva del grupo tiene pros y contras, la aceptación y el repudio. Lo mismo puedo ganarme el aprecio de mis compañeros como también ser el blanco de sus bromas más pesadas y volver mi vida un infierno estudiantil, donde no tendré quien me defienda. Aunque parece mentira, la verdad nunca se sabe, a lo mejor les caigo bien y deciden nombrarme su reina. Es cuestión de tiempo y un poco de suerte.



Pero esta mudanza también será el chance de fingirme otra por un tiempo determinado hasta que se descubra lo contrario. Mientras, seguiré escribiendo. Como lo dice cierta cantante de cuyo nombre no quiero acordarme: porque soy mujer, con todas las incoherencias que nacen de mí.

viernes, 21 de agosto de 2009

Chicas buena onda


Para las amigas buena onda que se quedaron lejos... pronto las alcanzaré.
Admito que a mi edad soy una traumada con la vida. Es común de las personas mayores quejarse por todo, pero yo soy una de ellas sólo que en el cuerpo y generación de una veinteañera. Esto lo descubrí por la afirmación de mi amiga Vivian, víctima de la moda y todo tipo de sucesos (y excesos) de momento.


-Nada te gusta, Laura. Los tiempos cambian y hay que vivirlos, vayamos al Rave de Jimmy, verás que se pone de pelos.


Me negué, me dio miedo. Imaginé que al momento de destapar mi primera cerveza con la música electrónica a todo lo que da llegaría la policía a llevarnos a todos, me “amarrarían como puerco” para subir a la patrulla y mamá pasaría la vergüenza de ir a recoger a su hija a los separos de Seguridad Pública.


-Como quieras, Lau. De vez en cuando hay que conocer chicos buena onda pero si no te late ni modo. Te marco mañana, sweety, muaaa.


Nos despedimos. Me reconcilié un momento muy breve con Dios para pedirle de favor que los policías no la llevaran a los separos y si conocía a algún chico buena onda que este no le diera pastillitas de colores.


Sí, yo era una traumada preocupada por todo pero no puedo hacer nada al respecto, es mi sello de fábrica y cuando estoy a punto de transgredir esa ley personal visualizo a un juez gigante y yo muy pequeña delante de él pidiendo misericordia por mis travesuras. Acto seguido, ardo en las llamas de un infierno que no tiene nada que ver con el que nos pintan en la iglesia o la escuela primaria.


Al día siguiente mamá tocó a la puerta de mi recámara para pedirme que pusiera la televisión en el noticiero de las tres de la tarde. En pantalla un reportero daba nota de una redada masiva (no estoy segura si es el término correcto pero el hombre lo dijo así) donde levantaron y “amarraron como puercos” a muchos muchachos en cierto lugar a orilla de la playa.


Los organizadores afirmaron que todo estaba en perfecto orden con el evento, que ellos nunca molestaron a ningún vecino y las cervezas eran totalmente lícitas, hasta pidieron permiso para las horas ininterrumpidas de música electrónica pero nadie les creyó. Al fondo de la pantalla distinguí a mi amiga brincoteando como una desquiciada en medio de varios “chicos buena onda”.


-¿Ya ves, Laura? Qué bueno que no fuiste a esos relajitos. Si un día te lleva la patrulla ni creas que iré a pasar la vergüenza de sacarte de Seguridad Pública- dijo mamá cuando me llevaba al malecón.


Siempre he pensado que cada cosa que me sucede es por dos motivos: mala suerte y/o predisposición lugar-tiempo de las circunstancias. Lo mismo para el ejercicio, era mi primera tarde para caminar a lo largo del malecón y luego de avanzar cincuenta metros la vi ahí sentada con un espécimen masculino, rubio y con cuerpo de modelo Calvin Klein.


Vivian me saludó de beso y presentó a su novio, se llamaba Dean y era de California, un “chico buena onda” al que conoció en el mencionado por noticieros Rave de Jimmy.

Durante los cinco minutos que estuve con ellos se besaron un montón de veces mientras ella me contaba lo bueno que era Dean para ciertas cosas como bailar electrónica y surfear.


-Lástima que no fuiste, Lau, Dean llevó varios amigos guapísimos, si quieres le digo que te presente a alguno para salir en parejas- me comentó Vivian de lo más entusiasmada a lo que me quejé falsamente de mi decisión.


Mientras se besaban de nuevo me fui a paso veloz a lo largo del malecón.


-Hijita, sal, te busca Vivian, está en la sala- avisó mamá en la puerta de mi cuarto mientras leía el clímax de “Las brujas”.


Junto a mi amiga estaban Dean y otro modelo Calvin Klein.


-Vístete, Lau, vamos a dar una vuelta, ya le pedí permiso a tu mamá y dijo que sí. Ándale, no seas mala onda.


El auto deportivo de Dean tenía no sé cuántos caballos de fuerza pero como no tengo idea de términos automovilísticos diré que era propulsión a chorro marca ACME. Aceleró y aceleró, siguió acelerando por el malecón mientras sorteaba la vista entre Vivian y el camino, la música electrónica a todo lo que daba y un Red Bull en los labios.


No recuerdo si lloré porque el otro modelo Calvin Klein quería besarme a la fuerza o por haber visto toda mi vida pasar delante de mis ojos cuando Dean chocó contra el poste. Me despedí del modelo con una buena cachetada y de Vivian con mis ojos llenos de lágrimas mientras la patrulla llegaba al vehículo y subían a los tres “amarrados como puercos”.


En el noticiero local mostraron la fotografía “fichada” de los dos californianos y hablaron de una muchacha más en cuestión que los acompañaba pero como era hija de un conocido político no se afirmó ni negó nada. Hasta para eso Vivian tenía buena suerte.


-Cámbiale a la tele, Lau- me pidió una prima adolescente- quiero ver mi novela argentina. ¿Te imaginas ser una chava tan buena onda y reventada como Jena, la protagonista?

jueves, 13 de agosto de 2009

La socialité


Sostengo mi postura: los niños son crueles. La ventaja de ser un chicuelo es no tener vergüenza, poseer la desfachatez de decir las cosas tal cual les parece, al fin y al cabo “sólo son niños”. Con tremendos entes sinceros me ha tocado vivir estas dos décadas sobre la tierra.

Scarlett era la niña fresa del salón de clases, una gordita morenita y poco agraciada pero con la colección de Barbies que tanto envidiábamos sus demás compañeras. Yo tenía mis propias Barbies, por eso me gustaban más las Cabagge Patch que Scarlett llevaba a clase. Me escogió como amiga porque ingresé tarde al curso y su buen corazón la llevó a trabar amistad con la niña nueva, regalándome un paquetito de chocolates Lengua de gato. Dijo que le caía bien por mi gran imaginación, le gustaba jugar Barbies con una niña que hiciera de cada juego una historia de telenovela.

En la escuela decían que era muy rica porque se la pasaba viajando y tenía todos los juguetes del mundo aunque viviera en una casita diminuta que parecía multifamiliar con arquitectura extraña. Las niñas del salón no sabían explicar que su padre era teniente, se cambiaban de ciudad cada año y el departamento era asignado por la marina.

Cuando Scarlett llevaba una nueva muñeca hacía una selección de las niñas a las que se las prestaría. Yo estaba más allá del bien y el mal porque me gustaba jugar caza venado con los demás niños y la Barbie antropóloga o la Barbie azafata me tenían sin cuidado. Las pruebas eran sencillas: cantarle una canción, ganarle una partida de dominó o dar una voltereta.
Los rostros de las elegidas se iluminaban cuando podían tener entre sus manitas el carro de la Barbie los quince minutos que quedaban de receso. Por mi parte jugué a placer con todo lo que llevaba Scarlett durante la hora que esperábamos a la salida mientras nos iban a buscar (batimos el récord de ser las olvidadas).

-Esa niña es mala y egoísta- dije a mamá cuando me llevaba a casa de Scarlett a hacer tarea- se burla de las que no tienen Barbies y las pone a correr en la cancha para prestarles una.

-Deja de criticarla- contestó sabiamente- la pobrecita no tiene amigos en ninguna ciudad.

Mamá tenía razón, una vez más. Sus únicos amigos constantes eran sus padres.

Una de las pruebas para ser amiga de Scarlett era cruzar el pasamanos de la escuela de ida y vuelta. Detuve mi huída mientras jugaba escondidillas para ver cómo una a una iban cayendo niñas y Scarlett las eliminaba; en aquella ocasión el premio era la Barbie maestra. Martina era una niña humilde y lo que más deseaba en el mundo era una Barbie original, no de esas de plástico que tienen filo en las orillas del cuerpo.
Vi la decisión y valor en sus pupilas cuando se colgó del primer barrote del pasamanos con su enorme corpulencia (por algo le decían La novia de Ñoño). Libró el primer barrote, el segundo y así sucesivamente hasta llegar al final y de regreso con más impulso que antes. Faltaban dos cuando cayó estrepitosamente.

-Lo siento, Martina, perdiste tu oportunidad. ¡Siguiente!

Martina lloraba no por la humillación a la que fue sometida sino porque en verdad ansiaba esa Barbie.

-A un lado, Martina, va a pasar Lola. No, Martina, perdiste, no te la puedo dar.

Fue en cámara lenta. Martina, con su corpulencia y lágrimas, empujó a Scarlett al lodo mientras le gritaba:

-Chingada enana prieta. ¡Me la vas a dar! ¡Síii, y seré tu mejor amiga, síii!

En ese momento un niño tocó mi espalda: “un, dos, tres por Laurita”

Scarlett se fue ese verano a otro puerto distante. Hasta hoy no sé de ella pero en la carpeta de tercer grado, entre mi diploma y la foto del salón, tengo una carta suya que dice: “gracias por haber sido mi única amiga de carne y hueso”.

Estas vacaciones soy una ociosa. He visto varios capítulos del reality de una socialité gringa que escogerá entre muchas chicas soñadoras o zánganas a su nueva mejor amiga. Las pone a hacer retos estúpidos como noches promiscuas de juerga, guerra de almohadas y discursos ridículos. Paris Hilton no me agrada ni me cae mal pero me recuerda mucho a Scarlett y Martina. Creo que la siguiente semana las hará caminar entre lagartos.