lunes 2 de noviembre de 2009

Cuestión de ocio


A Irving


No sé si bendecirlo u odiarlo, prefiero quedarme en la periferia. El tiempo libre es el que me lleva a gastar tardes frente a la televisión viendo programas que no me dejan otra cosa que ganas de vivir la vida de alguien más o robar unas cuantas características para hacer la mía más interesante, o al menos divertirme de reacciones ajenas. Pero he aprendido a sobrellevar el tedio, después de todo, siempre habrá alguien peor que una.


Trabajo es trabajo:

Me gusta ir en orden cronológico, y qué mejor que empezar por el primero: Adán (espero no herir susceptibilidades, sólo es una suposición burda). Si Dios le regaló una estancia en el Paraíso, como su creador y jefe, era coherente que le disgustara tenerlo como un hijo ocioso y le dio la tarea de poner nombre a cada animal que jugueteara por el Edén. Pero no fue tan malo, no existían los viáticos ni carreteras con las que un burócrata tiene que lidiar. La cómoda vida terminaría en una jornada de trabajo condicionado, pero la recompensa sería igual de buena o mala con la llegada de su femenina pareja porque dos ociosos siempre son mejor que uno.


Premio de premios:

Los concursos no son lo mío pero disfruto verlos, la competitividad entre terceros es muy interesante. Quizá lo más halagador para el competidor sea el reconocimiento como el mejor de su ramo y que esto quede documentado para la humanidad; supongo que esa es la intención del Récord Guinness. El ocio ha traspasado las fronteras de la imaginación y ahora no hay aventura coherente que el hombre no sea capaz de cumplir. En los registros del Guinness ya están los nombres de aquellos que hacen malabares con sierras eléctricas encendidas o pasan infinidad de vueltas en la montaña rusa. Yo pensé que había visto lo suficiente en canales de televisión de paga pero me equivoqué (como suele suceder) porque esta semana Guinness registró a los ganadores de la carrera de bebés montando perros (parece mentira pero es real) y la medalla se la llevó una niña china menor de dos años.


Relaciones públicas:

Cuando el Internet hizo aparición en mi vida, no lo utilizaba para tareas porque tenía Encarta (algunos lo recuerdan) y aprovechaba mi hora diaria permitida en un ciber para conocer gente de los rincones de América donde se hablara español. La misión colectiva era conseguir el correo de un representante de cada país (como en los concursos de belleza) que no pasara de los quince años y fuese aficionado de Caballeros del Zodiaco. Cuando se reunía tal cóctel cultural el siguiente paso era citarlos a todos en una sala privada del chat y tratar de hablar simultáneamente en mi papel de enamorada hasta que se dieran cuenta que mi pasión virtual no le pertenecía a nadie. Como toda una dama de secundaria, me retiraba para dejar a los gentilhombres discutir asuntos de adolescentes y minutos después admirar mi creación: la unificación de una bola de chamacos concentrados en Caballeros del Zodiaco. Ahora considero que mi ocio me ha forjado el talento para relacionar personas y puede serle útil a alguna organización mundial de países en conflicto. Sólo se necesita ser descubierta.


Sopa de letras:

La carrera de literatura no sólo se trata de leer horas hasta que los músculos corporales pierdan gracia pero hay un poco de verdad en ello. Los congresos son frecuentes y agradezco el gesto de los viajeros con ponencias y su disposición de cruzar mares, océanos y continentes para leer investigaciones de detalles literarios que a veces paso por alto pero a la hora de oírlos en una conferencia magistral me dejan boquiabierta. Un joven escritor (del cual estoy platónicamente enamorada) afirma que se trata del ocio más grande pero divertido porque uno de sus maestros se fue a los pueblos olvidados de Europa a estudiar la estética de los árboles y su relación con un poema. Dicho amor platónico a veces desdeña de las investigaciones literarias porque hay cosas más importantes que suceden en el mundo mientras algunos nos encerramos horas en las bibliotecas comparando la gramática de libros antiguos. Pero en la sopa de letras no todo está dicho y hace unos días me invitó a enviar nuestro trabajo a un concurso para ganar la estancia en una isla del Índigo e investigar la estética de los troncos petrificados y su relación con la poesía de Quevedo.

martes 20 de octubre de 2009

La ciencia del sueño



Niños dormilones

Ahora está de moda llamar “generación X” a los que vivimos en los noventas, viendo caricaturas japonesas, a Chabelo los domingos y jugábamos en la calle. Los Simpson me han acompañado dos décadas y a partir de la programación televisiva puedo sacar la contabilidad de mis horas de sueño. Antes de los nueve años me iba a la cama a las ocho y media, después del capítulo de la familia amarilla; despertaba a las siete y eso me da diez horas durmiendo. Como toda niña sana, comía verduras, corría durante el día y me iba temprano a descansar porque la “generación x” no tenía X Box pero con cincuenta centavos podía hacer un buen juego del Street Fighter por las mañanas. Leí en una revista de maternidad que si los niños duermen lo suficiente y están activos en el día, crecen sanos y se enferman poco. Dichas publicaciones no siempre tienen la razón, tengo una estatura media y fui enfermiza. Le echo la culpa a la genética.



Mala digestión

Hace unos días una madre regañaba a su obeso hijo a la salida del Burger King, el motivo fue que el angelito se comió dos hamburguesas gigantes. La mujer le dijo que iba a tener pesadillas por la mala digestión y cuando se despertara de madrugada llorando por miedo a Freddy Kruger, no le daría leche caliente con miel para conciliar el sueño. Mi caso es diferente, las pesadillas se me dan solas y sin permiso aunque cene una ensalada de lechuga o complazca los antojos con comida grasosa. Pero a falta de leche con miel tengo que recurrir a la vieja fórmula heredada de mi madre: “persígnate tres veces, reza un Ave María y dormirás como un oso a menos que no sea una pesadilla o un juego de sombras y en realidad haya entrado un ladrón a tu departamento por aquella horrible costumbre de no poner el seguro y las cadenas a la puerta”.



Más bizarro que el propio sarro

No soy profeta y doy gracias a todos mis santos por no serlo pero me ha sucedido que acierto en algunos aspectos de la vida cotidiana. Un par de ocasiones presagié (si así se le puede llamar) la muerte de personas cercanas y fue una experiencia horrible. Ojalá no sueñe con terremotos y desastres naturales porque no quiero secuestrar el transporte público y privado. El arte adivinatorio se manifiesta cuando no me interesa invocarlo, como hace un par de semanas cuando soñé que nos gobernaban los comediantes de un programa guapachoso. En mi sueño uno de ellos era un moderno mecenas que se paseaba por toda la ciudad en un camión decorado de peluche y propaganda cervecera, con dos curvilíneas bailarinas moviéndose al ritmo de una cumbia. Mis sueños no están muy alejados de la realidad.



La ciencia del sueño

Me he desvelado más de lo que mi ocioso cuerpo puede soportar. De nueva cuenta hace su aparición en mi vida un capítulo de los Simpson, cuando Homero trabaja horas extra y necesita dormir. Para él su auto era una cama y todo a su alrededor lo incitaba a caer en brazos de Morfeo. En lo personal, prefiero dejar de lado los libros que necesito estudiar aunque al día siguiente tenga un examen importante porque no dormir es peor que pasar hambre. Esta semana tomaba clase de adquisición paradigmática de lenguas nórdicas. Recreaba la escena de Homero desde mi asiento cuando el sonido seco del borrador sobre el escritorio me despertó; el profesor alemán me miraba con cara de pocos amigos.
-Señorita, haga el favor de prestar atención. Mi materia es una ciencia y aquí vamos a analizar los paradigmas de las lenguas nórdicas, no el cabeceo de los dormilones.
Claro, la lengua se estudia como una ciencia pero no dormir a mis horas por exceso de trabajo me transportará a otra ciencia más compleja que es ver capítulos viejos de un personaje amarillo acostumbrado a comer y dormir y relacionarlo con mi vida pasada antes de ser internada a punto de infarto o embolia.

martes 6 de octubre de 2009

Historia de un taxi




Uno de los empleos necesarios para la sociedad y que pocos dan el reconocimiento que se merece es el del taxista. Estará el lector de acuerdo, los necesitamos para mantener en orden los tiempos de una ajetreada vida de último momento y llegar puntuales a la cita o no utilizar urbanos en época de prisas y calor.
Incluso cierto cantautor guatemalteco le dedica su más célebre canción al ruletero nocturno, quien pasa a inmortalidad conquistando a una rubia preciosa para vengarse de sus respectivos amantes siempre a las diez en el mismo lugar. El caso es que siempre tienen una anécdota para los pasajeros, desde las más simples hasta las inverosímiles. Recrearé mis conversaciones con diferentes taxistas en días comunes.


Estructuras económicas

-¿Cómo ve, señorita, que quieren meter la inversión extranjera en los servicios del estado?
-Bueno, son opciones, aún no lo aprueban. A lo mejor funciona.
-Pues quien sabe, señorita, quién sabe. México le copió el modelo capitalista a los demás países y no estamos preparados para que los extranjeros sigan metiendo mano en la economía. Nuestra estructura económica debe ser la del pueblo. Comer lo que el pueblo produzca.
-Ah. ¿Y si el pueblo no produce nada, ni medicinas?
-Pero mire nomás, señorita, tenemos el mar y el campo. Qué más quiere para vivir feliz.


El Credo

-En un momentito la dejo ahí, es que hay tráfico.
-Sí, había procesión.
-Dígame, ¿usted cree que somos pecadores?
-Supongo que sí.
-No, señorita. Eso es una gran mentira. Recuerde que Jesucristo vino a lavar los pecados de los hombres con su muerte. Él dijo que nos dejaba limpios de pecado y está ahí, escrito en La Biblia.
-Entonces no somos pecadores.
-Pero sí lo somos. ¡Todos pecamos! Hasta con el pensamiento ensuciamos su nombre, señorita. Nos debería dar vergüenza.
-Como usted diga.
-Tampoco me tire a loco, mejor piense en todos sus pecados que han de ser muchos.
-Lo haré. Me bajo en esta esquina.



Una gripita

-¿Ese es gel antibacterial, señorita?
-Sí, hay que tener cuidado con la epidemia.
-Yo creo que es un complot. A la gente de casualidad le está dando la gripa y resulta que se hizo epidemia pero no, señorita, para mí que es una tapadera del gobierno para disfrazar la lucha contra el narco y a los decapitados. Todos hablan de la influenza y quién se pregunta por los cadáveres de Michoacán.
-Pero sí está dando, un amigo tiene influenza, le mandaron los estudios de la Secretaría de Salud.
-Hasta cree, señorita. Se me hace que les pagan para fingir porque nadie ha visto los cadáveres de los muertos y yo, en mi humilde opinión: hasta no ver, no creer.


El galán

-Gracias por pararse, señor. Qué horrible lluvia, no se puede andar allá fuera.
-Mejor aquí adentro, ¿verdad? ¿A dónde la llevo, guapa?
-A la UAC, en Humanidades.
-¿Entonces usted es psicóloga?
-No, estudio literatura.
-Ah, eso es interesante. Le voy a decir algo pero no se ofenda. Está usted muy guapa. No, no se chivee, sólo se lo decía. Con todo respeto, es una muchacha guapa y tiene bonitas piernas.
-Gracias, cóbreme, me bajo aquí.
-Uy, señorita, está lloviendo bien feo. Tendré que darle otra vuelta porque se va a mojar, se le va a correr el maquillaje.
-Aquí me bajo.
-Sí, sí. Pero cierre la puerta que entra el agua y me acaban de lavar los asientos.


Desde mi trinchera les mando un saludo a todos aquellos taxistas que me han servido a lo largo de la vida, regalándome ideas de fortalecimiento económico, credos religiosos, complots políticos e intentos de seducción fallidos. A lo mejor una de estas noches las lentejuelas de un traje les harán la parada y espero fervientemente no ser yo.

sábado 26 de septiembre de 2009

El elegido


No sé si la humanidad tenga los días contados o se trate de la moda de este mes. Lo que sí es que fulanos (y no tan fulanos) han salido a la fama por ser elegidos de Dios para transmitir mensajes de catástrofe. Pensé que el circo empezaría en diciembre, cuando el ochenta por ciento de las revistas sacan suplementos con las predicciones para el año que empezará, desde la Vanidades o Quién hasta el TV y Novelas y similares. A veces hojeo dichos datos astrológicos pero mi mala memoria me hace olvidarlos enseguida. Si llegan a suceder, no atribuyo la información a los brujos de Catemaco.



Hace unos meses pensaba que por vivir en la Península de Yucatán y ser heredera de la cultura Maya era normal encontrar en cada establecimiento de souvenirs, librerías, papelerías, estanquillos y demás negocios los pequeños libros o folletines con profecías del 2012. No los he leído ni siquiera por la enorme curiosidad que me lleva a hacer cosas extrañas pero ahora me llama la atención informarme del inicio de un nuevo Apocalipsis puesto que dichas predicciones han desatado polémica en otros individuos.



José María Flores Pereyra, cuyo nombre artístico es Josmar se ha hecho famoso en todo el mundo por secuestrar un avión, era pastor de una iglesia y cantante de alabanzas. Afirmó no estar loco sino ser un instrumento de Dios para dar testimonio anticipado de un terremoto peor que el del ochenta y cinco. Tampoco es tan tonto como muchos creen: sabía que pidiendo audiencia con el presidente o haciendo antesala jamás iba a ser tomado en cuenta y se fue por la vía rápida (y aérea) con el secuestro de un avión. Así de fácil fue engañar la seguridad de un aeropuerto con latas de Jumex, cables de colores y cinta, todo a la vista de pasajeros y policías en una sala de espera.



Ahora tendrá que enfrentar los cargos que se le impugnan, cuando lo más sencillo del mundo era quedarse con sus feligreses o viviendo de las regalías de sus discos porque el hombre era una estrella de la industria musical en el género de alabanzas. Aunque quién sabe, si el terremoto llega a tener efecto mientras Josmar purga su condena, dudo que los guardias quieran soltar a los presos. Corriendo por salvar sus vidas ni siquiera se acordarán del profeta.



El otro hombre que se volvió personaje se materializó para mí gracias a un mensaje de texto de las compañías celulares donde ponen al tanto a los usuarios de las últimas noticias (mundo, deportes, dietas, chisme,etc). Luis Felipe Hernández Castillo igual dijo ser invocado por Dios para hacer “conciencia” en el resto de los mortales de la situación deplorable de nuestro país. Como una prueba de su inconformidad le quitó la vida a dos hombres y dijo no ser un fanático. Cuando se sale negativo en los exámenes toxicológicos no queda más que jurar ser un instrumento de la divinidad y que se tiene la mejor voluntad para salvar a la sociedad de una inminente decadencia. Semejante locura va sustentada por balazos a transeúntes.



Si las autoridades no encuentran lógica posible a tales actos, el clero tiene derecho a negar que Dios los manda a hacer justicia por su propia mano. Pero aquí viene una historia de hace algún tiempo, digamos varios siglos atrás. Juana de Arco, a los diecisiete años, cuando obtuvo permiso para encabezar el ejército francés, fue tachada de loca. Su fe la hizo obedecer aquella petición celestial para librar a su país del asedio Inglés, pagando la condena del juicio inquisitorial años más tarde. Después se le consideró santa y hoy es venerada por católicos y patriotas.



Si me remonto en la historia un poco más (ya encarrilada en el asunto) otro personaje famoso llamado Moisés liberó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, también por mandato divino. Y con lo anterior no es que quiera comparar a los hombres noticia de este mes con héroes históricos y bíblicos (no se confundan, señor y señora lectores) pero se me hace curioso que después de secuestrar aviones y balacear transeúntes recurran al mandato divino para exonerarse de toda culpa, quedando como elegidos de Dios para cumplir su voluntad.



Juana de Arco y Moisés lo hicieron bien pero si mañana sale un hombre desnudo disparando con una metralleta en la Central de Abastos, háganle la mano de puerco antes de que diga que cumple con la palabra del Señor.


sábado 19 de septiembre de 2009

Enemigos íntimos



Ya pasó un mes. La rutina de los días es casi la misma para esta época del año. Me gusta la privacidad que gozo últimamente, mi departamento está aislado del resto de la casa y los demás cuartos… donde vives. Te he observado como tú a mí, la diferencia es que cuando pienso que estoy sola tu mirada viene de algún lado y me acompaña largo rato sin que me dé cuenta. No sé si es un halago o una invasión a la privacidad de la cual alardeo.


Sabía que vivías aquí, en los departamentos, había escuchado rumores de los demás o algunos te llamaban. A veces no tenías la precaución de caminar despacio: golpeabas cosas viejas en el pasillo cuando llevabas prisa. Las horas en la escuela me tienen largo tiempo fuera de casa, por eso no sé qué haces todo el día. Seguro sales a pasear como todos, pero lo dudo; enseguida se nota que lo tuyo es la vida nocturna. No es que me importes más de lo que debería, pero siempre he sido muy curiosa con todo el mundo, hasta contigo.


Una vez la chica que vive en el departamento de arriba me habló de ti. Dijo que nadie entendía tu comportamiento, eras un ser extraño, distinto de los que ella había conocido, con cambios de humor y actitud que delataban tu instinto. Tampoco me interesa descubrirlo. Te vi de frente hace dos semanas. Debo admitir que tienes unos ojos muy bonitos, ya quisiera yo un color y forma así. El tipo de ojos que trata de decir mucho pero no revela nada. No tenía caso sostenerte la mirada, para qué. Mejor te evadí y seguí mi camino. Te ofendiste, me di cuenta por el ruido extraño que hiciste pero me da igual ignorarte o no.


Me fijo que te asomas a la ventana cuando llego, escuchas el ruido que hago para abrir mi puerta y a veces maldigo por tardar en hacerlo. Por eso sé que me observas a través del cristal. A lo mejor esperas que traiga a alguien a casa. Eso es asunto mío. Pero puedes estar tranquilo, no ha sucedido ni sucederá. Debes conocer mi horario, ya sé que me espías y soy bastante predecible. No puedo hacer nada para evitar tu curiosidad, se te da de forma natural. De todos modos no estaré mucho tiempo aquí, la atención de los demás volverá a ser toda tuya.


Me dijeron tu nombre y lo olvidé, ¿ves cómo me tienes sin cuidado? Si tuvieras conciencia de ello te ofenderías mucho. No sé si sepas el mío pero es algo que no me quita el sueño, como tampoco me lo quita que a veces rondas la puerta de mi departamento en las noches. Calmado, amigo, no te atacaré porque sé que no entrarías y tampoco tienes motivos para hacerlo. Aunque, para ser sinceros, ya hemos intimidado un poco, grave error. Aquella tarde en la sala nos dejaron solos, yo estaba entretenida en mi computadora y tú con cualquier cosa. Era inevitable que te pusiera atención si te acercaste y para estar ahí a mi lado un buen rato. Cuando te quise hablar, me evadiste.


Ya deberías aprender modales o no serás aceptado en ningún lugar. Hace dos noches nos vimos en la puerta de la casa. Yo llegaba cansada de tomar clases y tú te ibas quién sabe a dónde. Te sostuve la mirada porque no me molesta ver el color de tus ojos y dentro de mí te desee buena suerte en lo que pudiera suceder durante tu aventura. Ahora son días de lluvia, desde temprano cae la tormenta con todo y rayos y es imposible salir porque las calles se inundan o no deja de llover hasta entrada la madrugada. Por eso nos encontramos en la sala común: yo no puedo ir a mis clases vespertinas ni tú a los paseos que acostumbras. No te culpo, tampoco me gusta empaparme en la calle.


Ayer rompiste el hielo de la peor manera. Otra vez solos en la sala, te quise hablar y tú fuiste directo a los hechos. Te me echaste encima como si te hiciera daño y me quisiste rasguñar el cuello porque no te seguí el juego con la pelota. Afortunadamente soy más grande e inteligente que tú y me defendí aventándote. Maullaste. Me miraste con los ojos bien abiertos y te preparabas para atacarme de nuevo pero te pegué y huiste. Lo siento, no fue mi intensión pero es la supervivencia del más fuerte. Te fuiste altivo, con la cola levantada y las uñas aún visibles.


Ahora somos enemigos. Pero descuida, no te molestaré porque tienes una ventaja: me desagradan tus maullidos y soy alérgica al pelo que sueltan los de tu familia, los siameses.

viernes 11 de septiembre de 2009

Fórmula infalible


El hecho de que México sea un país en vías de desarrollo (porque tercermundista se escucha muy feo ahora que está próximo a cumplir doscientos años) se ve reflejado en todo, desde las chozas que miro a través de la ventana donde tomo clases de poesía vanguardista hasta los centavos que acaba de subir el azúcar y la tortilla. Pero a grandes males grandes remedios y como el mexicano burócrata u obrero no puede hacer nada en contra del gigante que se le presenta en forma de deudas, mejor las olvida un rato o al menos las disfraza. Para contrarrestar los dolores sirve de jarabe la televisión.


Muchos la llaman la caja idiota, a otros nuestras abuelas nos dijeron que íbamos a quedar ciegos de tanto verla pero a dicho invento le debo gran parte de mis alegrías y recuerdos generacionales (cómo olvidar las caricaturas japonesas o a Chabelo). El mexicano promedio no lee, va poco al cine (aquí no cuentan los churros hollywoodenses) y para entretenerse ve la televisión. Podrá no saber suficiente de historia nacional pero qué tal si le preguntamos de las novelas donde salía Thalía, de Cuna de lobos o las producciones de Emilio Larrosa. Nos sorprendería relatando detalles que a conciencia cualquiera hubiese olvidado.


Las telenovelas han sido la mina de oro de los productores debido al éxito arrasador que obtienen. Me atrevo a opinar porque a lo largo de dos décadas sobre la Tierra he visto gran cantidad de melodramas y no me da pena compartirlo. Seguramente al ama de casa le gusta sentarse en las tardes a ver cómo Paloma lucha contra una tía desalmada que le mata a sus novios o por las noches, mientras espera al esposo gordo, suspira con los pectorales de un actor cubano en escena de cama. También a la adolescente soñadora la ilusiona pensar que un día conocerá a un joven rico y guapo que la llevará a vivir con él a Las Lomas y se casarán en la Basílica de Guadalupe, todo esto mientras hace la cola para las tortillas.


Una frase célebre dice que la religión es el opio de las masas, estos días me atrevo a decir que las producciones de televisoras mexicanas lo son. Hace algunas décadas dieron en el clavo con la fórmula infalible: el hombre rico se enamora de la chica pobre. Al encontrarse en estratos sociales diferentes deben hacer lo posible (e imposible) para defender su amor puesto que siempre habrá villanas de por medio, embarazos por noches de borrachera, hijos bastardos que regresan años después y compañías millonarias en disputa familiar. Las tramas de este tipo consagraron a actrices como Lucía Méndez, su archirrival Verónica Castro, Thalía (ahora toda una neoyorkina) y los venidos a menos Peniche, Camacho o Ferrara.


Pero los tiempos cambian y los productores no son nada tontos. No les vendría mal hacerse un poquito más millonarios ahora que el azúcar y la tortilla subieron, por ello necesitan seguir vendiendo sus novelas para llevarlas al resto del mundo (¿quién dijo que México no exportaba cosas de calidad a Europa y Asia?). Si los príncipes extranjeros se casan con “plebeyas” (que ostentan carrera con maestría e incluso doctorado) ¿por qué la chica de las tortillas no habría de casarse con un sobrino de Slim? Como ahora todo es posible (aunque lo dudo, obviamente) hay que innovar a la televisión mexicana por otras vías.


Se nos adelantaron un poco los colombianos con una producción de gran éxito, acogida hasta por EUA: Betty la fea. Se trata de la transformación de una mujer fea en toda una belleza ejecutiva. Wow. Sorprendente. Exitoso. La novela arrasó en varios países y cómo no, a quién no le gusta ver cómo una inteligente pero espantosa secretaria se enamora de su guapo jefe y es rechazada por FEA para luego conquistarlo siendo una despampanante modelo.


Reitero, los productores no son tontos y ya ficharon a los adolescentes. Saben que son una máquina del consumismo. Ahora transmiten la versión mexicana de Patito Feo (originalmente de Argentina) donde ocurre lo mismo: una niña con brakets y lentes es despreciada por sus compañeras bonitas para luego aparecer como el cisne más lindo del colegio, por la que babearán los adolescentes populares y guapos. Y este melodrama terminará siendo un éxito, un clásico de la televisión y cultura mexicanas. Los productores sí que saben hacer dinero volviendo hermosas a las feas. (Qué bueno que no la transmitieron en mi época de brakets).


Pero me da curiosidad una cosa, ¿alguna de las ochenta y cuatro bellezas que se disputaron la corona de Miss Universo hace algunas semanas habrá sido una Patito Feo en su colegio? Lo dudo pero esperaré que algún día se los pregunten en la ronda final. Mientras, habrá muchas novelas para ver en el horario estelar.

sábado 5 de septiembre de 2009

A la rorro nene



Desde hace dos semanas me aquejan sueños extraños. Lo atribuyo al cambio de ciudad, vivir sola y que olvidé traer los tres atrapa sueños que colgaban de la cabecera de mi cama. La vida austera como estudiante de intercambio incluye prescindir de la televisión, lo cual significa dormir más. Eso sería un placer si a media noche no despertara con lágrimas en los ojos por alguna pesadilla y me costara mucho trabajo arrullarme de nuevo. Pero todo mal tiene su lado positivo, dichas rarezas pueden significar algo.



Lo primero es contárselos a mamá vía Messenger. Soñar con parientes muertos: necesitas a tu familia; bebés: te sientes sola (pero no te embaraces); comidas y reuniones: quieres volver a casa, responde mamá como quien lleva años dedicándose a descifrar sueños o ansía abrazar a su pequeña. Sus respuestas no son muy convincentes, le digo que todo estará bien tomando leche calientita antes de acostarme y me despido, sin mencionarle que en la siesta del medio día soñé que mis compañeros de la Sinfónica me daban tremenda paliza para matarme.



Le platico las pesadillas a una de mis compañeras de poesía surrealista, quien me da el nombre de un hippie de la facultad de lenguas muertas pero pide que no le diga que ella me dio el dato. Asegura que dicho hippie puede ayudarme. Cuando por fin doy con él, lo encuentro en la parte trasera de la biblioteca, leyéndole la mano a una chica rubia. Cuando termina me atiende. Besa ambas palmas de mis manos y hace una oración en quién sabe qué lengua. Me da un poco de miedo.



Le platico cada uno de mis sueños, tuve la precaución de apuntarlos en una libretita desde que comenzaron a aquejarme. Son nueve en total. Me pide sentarme en el tronco que usa para sus clientes, e insiste en que le repita los sueños eróticos que me despertaban llorando de madrugada. Le respondo que no eran eróticos sino pesadillas, insiste que tienen que ver con deseos sexuales reprimidos. Le digo que no, que tienen que ver con el cambio de casa. Me da la razón.



Comienza a ramearme con una hierba olorosa mientras dice oraciones en quién sabe qué lengua, escucho el sonido de unos tambores al compás del baile del hippie y me fijo en otro de los suyos que llegó sin darme cuenta. El del tambor prende incienso en una jícara y fuma un Delicado. Me ofrece Delicado y lo rechazo. El hippie termina de ramearme y nos toma a los dos de las manos, formamos un triángulo con los ojos cerrados (yo dejo uno abierto porque no me inspiran confianza) y ambos rezan pidiendo paz para mis sueños eróticos. Les digo que no son eróticos sino pesadillas y me dicen que me quede callada porque puedo romper el círculo de las fuerzas naturales.



Se acaba el ritual, los hippies se tiran en el suelo pareciendo más exhaustos que un par de futbolistas cheleros. Dicen que equilibraron mis impulsos sexuales y no volveré a tener sueños eróticos que me despierten de madrugada, prefiero no contestarles. Me mandan a comprar una cajetilla de Delicados, esa es la cuota. Pago por el ritual. Antes de irme les advierto que el morral de uno de ellos se está quemando por culpa del incienso.



La siguiente noche despierto a las tres y media de la madrugada, mitad hambre y mitad pesadillas. En el sueño el hippie de las ramas y yo corremos a todo lo que dan nuestras piernas porque nos persigue una multitud de colegialas para darnos tremenda paliza, ignoro el motivo. Ya despierta me tallo la cabeza como si el golpe de una de ellas hubiese sido real. Dos días más tarde veo al hippie de los tambores comprando cigarros y con un brazo enyesado. Le preguntó qué le pasó y contesta que él y el chamán de los sueños eróticos fueron atropellados por unas ex novias enfurecidas; su amigo tenía la cabeza rota y estaba descansando en casa.



Me sorprendo. Le platico las premoniciones a mi compañera de poesía surrealista y me propone sacarle provecho entre el estudiantado. Ahora yo ocupo el tronquito detrás de la biblioteca y me hago fama de descifrar sueños. No hay mal que por bien no venga.